Depresión: comportamiento, impacto físico y psicológico

La depresión a veces se ve como «Enemigo yo» de Supersubmarina:

Me convertí en enemigo de mi propia situación,
en laberinto de mi rumbo y dirección,
en lo que fuera pero fuera de control,
en una nube gris en mi imaginación.
Mi enemigo he sido yo.  

«La depresión es un estado en el que se está» (Barraca Mairal y Pérez Álvarez, 2015) Realmente la depresión es un problema psicológico del que se ha teorizado mucho y, quizás, de forma errónea. Es un problema al que se le tiene miedo, porque requiere mucho sufrimiento y también puede llegar a ser incapacitante. El salir de un estado depresivo puede llevar tiempo, pero es importante conocerlo más allá de los síntomas: lo que conocemos son consecuencias de un aprendizaje dentro de un contexto.  

¿Qué es la depresión?

Se trata de un problema de comportamiento en el que se darán una serie de alteraciones anímicas, motoras, cognitivas y psicofisiológicas (Froján, 2011). En general destacan la sensación de estancamiento, de desvinculación con el mundo así como la dificultad para experimentar placer (Barraca Mairal y Pérez Álvarez, 2015).

¿Qué patrones de comportamiento encontramos en un estado depresivo?

Se da un repertorio conductual que tiene como función evitar el malestar a corto plazo, tanto a la hora de iniciar tareas y actividades, como al hecho de hacerlas. Las tareas y actividades dejan de ser gratificantes, pierden interés e incluso se vuelven desagradables. 

Infografía basada en la teoría del mantenimiento de un estado de ánimo bajo de Fester (1973)

A veces, encontraremos que las personas tienen dificultades para iniciar ciertas tareas, e incluso dejan de hacer actividades. Otras veces, encontraremos a una persona sobreplanificando y no parando de hacer cosas. Ambas pueden ser patrones de conducta que tengan como función la evitación del malestar. Oscilan en bucles de actividad e inactividad. Un poco como en este gráfico: 

A veces, esas tareas aparentemente “dejan de servir” y la persona se encuentra con una sensación de indefensión. Esto hace que el bucle se siga manteniendo: “no lo hago porque no me sirve pero a la vez estoy mal porque no lo hago”  

Esto puede llevar a esa percepción de estancamiento que comentábamos antes, y teniendo como consecuencia pensamientos desagradables con distintas funciones, como el fustigamiento y la autoexigencia para dar cierta percepción de control sobre el comportamiento («soy un vago, debería recoger todo y salir a la calle, así normal que esté solo») aunque, como estamos viendo, va a depender de muchas cosas más. No basta sólo con querer estar bien, tener pensamientos positivos o cambiar de actitud y hacer ejercicio.

¿Qué consecuencias encontramos?

En estados algo más prolongados, encontramos dificultades para llevar a cabo actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, como mantener la higiene o cocinar. Podemos encontrar pensamientos de autoexigencia y culpa (mantenidos por las conductas que hemos visto antes).

La atención, la memoria de trabajo y la concentración se pueden ver afectadas. En personas mayores hay que prestar especial atención y hacer diagnóstico diferencial, ya que puede cursar como una pseudodemencia.

Las conductas mantenidas durante este estado puede llevar a inactividad y aislamiento, por lo que es conveniente también realizar una analítica pertinente para descartar problemas asociados como déficits de vitamina D o anemia.  Sobre la conducta de aislamiento, puedes leer más aquí.

¿Puedo no aislarme y estar en un estado depresivo? Bueno, depende. Por eso es importante atender a la función de la conducta (es decir, el para qué te estás comportando así) y no tanto al «qué» está presente: puedo evitar mi malestar y mis pensamientos a través de dejar de hacer cosas o…haciendo una barbaridad. El resultado: mantenimiento de un estado de ánimo bajo a medio-largo plazo.

La parte física dentro de un estado depresivo.

Sí, hay una parte física. Vivimos a través del cuerpo y por ende, también nos comportamos con él. A veces esa parte física puede suponer un factor de riesgo para el desarrollo de un estado depresivo, como algunas enfermedades.

En otras ocasiones, la interacción de “nuestro cuerpo” con nuestro medio nos puede llevar a problemas físicos que median y/o son consecuencia de esa interacción.

Por ejemplo, que haya un aislamiento del entorno y una baja activación puede dar lugar a:

Alteraciones del sueño como insomnio o hipersomnia.
– Cansancio y fatiga.
– Agarrotamientos, dolores musculares, calambres, contracturas.
– Déficits vitamínicos (vit D)

Aunque pueden darse episodios de hiperfagia (con su respectiva función) también puede haber una restricción de la ingesta, a veces simplemente por la dificultad persistente con actividades instrumentales como hacer la comida.

Esto dificulta que las intervenciones en psicoterapia vayan más lentas, pues hay muchos factores que están mediando en que el ESFUERZO (porque lo es) en el cumplimiento de objetivos propuestos sea gigante en muchas ocasiones.

Si estás pasando por unas circunstancias así: Sí, es difícil. Tienes que atravesar muchas barreras. Por eso cada paso es importante y significativo. No lo infravalores. Estos son unos breves apuntes sobre este problema psicológico. Si tienes dudas, por favor no te autodiagnostiques y pregunta. A veces puede ser un estado no muy duradero en el tiempo y no tiene porqué implicar un problema en sí. Cuidado con alarmarse.

Si tienes a alguien cerca en este estado, intenta comprender, preguntar y escuchar.

Si eres compi de profesión: La intervención también pasa por esto y hay que tenerlo en cuenta. La amplitud de miras pasa por tener en cuenta aquellas variables que están mediando en el proceso de la PERSONA.

Referencias:
Barraca Mairal, J., Pérez Álvarez, M. (2015). Activación conductual para el tratamiento de la depresión. Madrid: Síntesis.
Froján, M. J. (2011). Tratando depresión: Guía de actuación para el tratamiento psicológico. (3.a ed.). Ediciones Pirámide. (Obra original publicada en 2006)

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